sábado, 18 de julio de 2026

 El tango de Scaloni

No soy un fan del tango, no es la música que elijo escuchar frecuentemente, aunque admito que alguno de ellos, son sublimes. Crecí escuchando los tangos que les gustaban a mis viejos. Y lo que uno escucha en su infancia, deja marcas.
El tiempo pasó, ya soy un veterano en la vida, y algunos versos de aquellos tangos de antaño ya no me parecen tan lejanos ni distantes. Me siento representado.
Mi vida está atravesada por el fútbol. La primera palabra que pronuncie, fue Oca, queriendo decir Boca. Y mis primeros pasos, los di tratando de alcanzar una pelota de fútbol. Mis condiciones innatas fueron insuficientes como para hacer del fútbol una profesión. Quienes jugaron alguna vez conmigo saben que no miento. Pero no fue suficiente para que no creciera en mí la pasión que siento, cierto es que no tanta como la que alguna vez sentí. Aunque el cuero y el alma estén curtidas, cada tanto hay situaciones vividas a través del fútbol que me emocionan. Y esta selección de Scaloni, al estilo de algunos tangos, me emociona.
Los tangos de Scaloni no son los de mejor ritmo. No son obras de arte. No tiene el prestigio de la música clásica. No es la música más lucida, los instrumentos no suenan con la limpieza de sonido, a veces desafina la orquesta, algún músico pifia la nota, pero aparece otro instrumentista que lo cubre. Lo curioso, es que a los que somos espectadores nos hacen levantar del asiento. Despiertan entusiasmo, contagian esperanza. Y en los adversarios generan respeto, envidia tanto como admiración.
El fútbol y el tango, están emparentados, al menos en sus orígenes en la Argentina. Ambos salieron de los arrabales, de los suburbios, siendo practicados por marginales que lo hacían con pasión. Los más selectos, los más talentosos, alcanzaron fama, prestigio, respeto, admiración, fortuna.
Algunos versos de tangos, clásicos, conocidos, vomitan verdades desde tiempos inmemoriales.
“Uno busca lleno de esperanzas, el camino que los sueños prometieron a sus ansias... Sabe que la lucha es cruel y es mucha pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina... “
La búsqueda por intentar alcanzar sus sueños, es cruel y es mucha, pero si se sigue luchando hasta desangrarse, es por una convicción empecinada de alcanzar ese deseo que parece imposible. Es un deseo indestructible.
“Primero hay que saber sufrir”, y seguir luchando sin darse por vencido, aun cuando no se haya alcanzado el resultado esperado. Se ha enfrentado a adversidades, con valentía y osadía, yendo a quemar las naves en más de una oportunidad, y hasta ahora, llegando los marineros a buen puerto.
“Con este tango que es burlón y compadrito
se ató dos alas la ambición de mi suburbio”;
Burlón y compadrito como varios de los jugadores argentinos. Algunos son solo burlones, otros solo compadritos. Puede ser una impostura o una guapeza cierta, con arrogancia y soberbia, pero es muy característico de los futbolistas argentinos.
“con este tango nació el tango, y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo”;
La sordidez remite a algo impuro, pobre, y a la vez, emparentado con los inicios de la masificación del futbol en Argentina. Es ese tango, El choclo, pero es todo el tango que tiene una génesis en espacios sórdidos.
En principio me refiero a los orígenes, pero luego de salir de esos lugares marginales, el tango, el fútbol argentino, se masificaron, tuvieron reconocimiento en todos los rincones del país, y en los más recónditos lugares del planeta.
Quienes lo practican profesionalmente y en niveles de elite, son millonarios. Pero la gran mayoría, surgieron de familias de trabajadores, en mayor o menor medida, saben de carencias y privaciones. Fueron testigo del esfuerzo de sus padres, de sus familias, apoyándolos para que pudiesen llegar. Y sin haber llegado a ser futbolista, también podría decir los mismo de mí mismo y mi historia familiar, como también lo podrían decir millones de argentinos. La gran masa del pueblo empezó desde abajo. O lo sigue estando. Algunos salieron del barro y alcanzaron el éxito en su carrera profesional. En sí mismo, eso ya es un triunfo. Pero hay personas para las que la sed no se sacia tan fácilmente. Quieren ir por más. Quieren la gloria. Juegan porque es fútbol y como futbolistas están en su salsa. Porque es el Mundial. Por los colores de Argentina. Y juegan para la posteridad. Por el prestigio que podrían ganar. Por el que alcanzaron. Por los que, años, décadas atrás defendieron la camiseta con honor.
Y saben que son un equipo. Juegan por el otro. Por el compañero que está en el césped, por el que está entre los suplentes, por los millones de argentinos que luchan en el día a día por la subsistencia. Por todos los que nunca podremos salir a la cancha a jugar, juegan por lo que les cuesta seguir adelante, por todos los que estuvieron tentados a darse por vencido. Este equipo viene a decirnos, una y otra vez, que mientras hay vida hay esperanzas
“...conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más ley que la esperanza”,
Ese verso es rotundamente claro. Pero yo agregaría que abrieron caminos con la esperanza, el talento imprescindible para intentar alcanzar la gloria, la dedicación con responsabilidad y una fe inquebrantable. Es la esperanza de un futuro venturoso, sin garantías de resultados, pero el amor, la pasión por la causa que los mueve, habitados por un deseo decidido, los lleva a enfrentarse a las adversidades con valentía, con decisión, con dignidad. Y dan todo lo que pueden, y en muchas oportunidades, sacan un plus que tal vez ni sabían que tenían.
Hay jugadores de partidos fáciles, que juegan bien cuando se sienten cómodos, pero los hay muchos menos, que son aquellos que cuando las papas queman, no buscan guantes ignífugos, se les convierte el pellejo en amianto, que soporta el fuego con sangre caliente pero la cabeza templada. Muchos de los que tienen esa templanza no son cracks ni nunca lo van a ser. Si esa era su ilusión, se saben en falta. Y se hacen cargo de eso. Y en lugar de esconderse, acomplejados por una supuesta debilidad, salen a comerse la cancha. Con falencias, con carencias, con errores, con temor tal vez, pero dispuestos a dar todo de sí. Por ellos mismos, por los compañeros y por cada uno de los argentinos.
“...mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia”
Tal vez en este fragmento, enumera la madera de la que están hechos, habla de alguien con convicciones, que no se queda en amagues, que va al frente.
Vi otras selecciones de Argentina que jugaban más lindo, o integradas por varios cracks dentro del plantel, pero pocas veces me sentí tan bien representado como con esta selección 2026. Nos hace creer a la masa de argentinos que es posible enfrentarse a todas las adversidades, cualquiera que sea.
No sé cuál será el resultado de la final con España. Deseo fervientemente que gane Argentina, pero si así no sucediese, estoy profundamente orgulloso de estos jugadores, de este equipo. Mi gratitud a estos muchachos. Y también deseo, que toque quien toque, que el tango siga sonando. Y que nos sigan dando motivos para soñar.
Roberto Tribastone

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